El 12 de octubre de 1492 Colón pensó haber descubierto Japón, pero descubrió América y, con el, América descubrió el capitalismo.
En su diario, Colón, escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios. No podía cansar los ojos de ver tanta belleza en aquellas playas, y el 27 de noviembre escribió: “Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas” y no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población sobrevive a base de pan y agua y en muchos casos ya ni eso.
Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.
Al principio, el saqueo y el genocidio fueron ejecutados en el nombre de Dios, ahora se cumplen en nombre del Dios del progreso, sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible.
El 12 de octubre de 1492, Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios de regreso a su España para que aprendan a hablar (en su idioma). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, obrero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.
En Paraguay se habla el guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.
De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución del Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios, pero el español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.
Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.
Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?
Entonces, ¿qué es lo que estamos celebrando?, si consideramos que en España se celebra el día del Hispanidad, haciendo referencia a que en ese día Colón descubrió las Americas y llevó con ello el exterminio practicamenet total de una cultura, podríamos también celebrar en Alemania el 3 de septiembre (1939) como el día del “Alemanismo” (y el exterminio de los judíos).
Celebremos también en los países musulmanes el 11 de septiembre (2001) como el día en que el Islam le puso mano firme al mundo, correcto, ¿no?
Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.
No son los únicos:
